jueves, 3 de abril de 2014




Tu, mi jardinero...

Conjugo mi verso en el tiempo
y pienso en mi rosa dormida
que espera tu mano pequeña
para colorear tanta sombra desteñida.
Han venido todos los vientos
en todas las formas
en todos los instantes
de esta vida mía,
mas no han podido
doblar su tallo,
ni quitarle ninguna espina.
Frágiles han sido mis sueños
como frágiles cada pétalo 
de esta flor altiva,
que he cuidado desde siempre
para la llegada del sol
como una lengua amarilla,
y cubrirla de cálidos cuidados
hasta quitarle su desnudez  fría.
Cierro los ojos
ante tus labios puros,
no sé si tanto como los míos,
y a veces pierdo la fe
y creo que el amor es menos que la nada,
y que esta espera es mas larga que lo eterno,
que es el último rezago de un suspiro lejano,
de un otoño difunto,
de una mustia mejilla.
Flor de un alarido profundo
aferrada a mi pecho
con fuerza agotada
perdiendo las dulzuras
solo regada con lágrimas y duelos.
Tu, jardinero de mi huerto,
que llegas por ese extraño sendero,
dale vida a esta rosa pálida,
para que se torne rojo fuego,
tan rojo como la sangre,
tan rojo como el tinte de un vino fuerte,
rojo, 
como el color del deseo.

                                                   Elisa



En mi jardín…

Expandida con el universo,

creciendo en mil jardines,

en un solo tiempo,

flotando sobre la niebla
 
del placer consumado,

del amor espiral,
 
inmensurable,

fuerte, enraizada
 
en el fondo del arco iris,

vestida de mil colores;

asi será tu rosa,

cuando crezca en mi jardín.
 
Arhanko
 
 
 
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